miércoles, 1 de junio de 2011

En el andén.

Y al golpearme de lleno en la cara

El viento se deshizo en la rompiente de mi pecho.

Algo similar sugería el toparte entre los cuerpos

Tan distintos, todos tan disgregados.

Como si los nervios me desparramaran por el suelo

Y como si mis venas se poblaran de agujas,

La marcha, constante y progresiva, la rigidez me tomaba por la espalda

En ese momento la estación del subte era hielo.

Y el hielo en la frente era agua

Tu cuello entre mis manos era oro

Tu tiempo en mis ojos era inicuo, efímero

Y ni la más pura gota de agua saciaba la sed

De beberte entera, y quebrarte el aliento

Cuando el abrazo más heroico no basta

Para sentirte cerca, quizá por última vez

Y para al fin creer que valió la pena,

Cruzarte de casualidad, de nuevo en el andén.

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