jueves, 25 de agosto de 2011

Pictures and songs.


Qué dicha la de contar con estas dos manos
y estos ojos que se fijan en algún punto equis.
Mientras una mano acaricia la madera tersa,
acaricia el perfume, los relieves de la pintura
y la otra al mismo tiempo se pasea por pasamanos,
por sudores de oficina y papeles, máquinas.
Qué felicidad la de saberse descalzo, entre acordes,
y acá los papeles estan dibujados o escritos con tinta
y el aire impregnado de libertad se escapa por puertas
que llevan al mismo lugar, una y otra vez, cantando viaja
a un solo espacio que a la vez es todos los espacios; el afuera.
Felicidad guardada en cajones, maderitas que organizan el espacio.
Tus fotos, mis canciones.

miércoles, 10 de agosto de 2011

El fondo del vaso.

¿Cómo se verían las cosas si se interpone un vidrio que media entre el afuera y nuestros ojos?. El fondo de un vaso, por ejemplo. ¿Cómo te vería si te tuviera cerca, con la boca de un vaso apuntándote de frente, el vidrio superpuesto a mis ojos y vos detrás, distorsionada desde la cara hasta el cuello?



Me extrae del centro del pecho las preguntas sólo por el mero proceder de aspirar bien fuerte, de analizar el momento y encontrarlo oportuno, indicado.
Imparte paciencia, sístole y diástole empiezan a arrastrar las piernas con una pesada constancia, las revoluciones clavan los talones en la arena. Todo, adentro de mi cuerpo.
Y ahí está otra vez, fuera de todo aquel revuelo interno, sola y remachada contra mi torso, la tangibilización de aquello que se encontraba preso dentro de mí. De nuevo la figura horizontal y volcada furiosamente sobre mi cuello, por momentos claramente visible y por otros bellamente ciclópea mientras un poco más abajo, la boca parafrasea a quien nos permitió ilustrarnos como en el pequeño capitulo de un libro. Y eso es lo que somos a fin de cuentas. O lo que inventamos ser.
Esperamos con paciencia a cuentagotas el quiebre del día externo, buscamos vías, caminos que nos lleven a un enlazamiento más profundo que la devoción, hasta que llega la hora y cerramos puertas, cerramos ventanas violentamente, caminamos rápido casi sin dejar huella, caminamos un poco más rápido, mientras las tareas pendientes juegan libres e incompletas, abandonadas y olvidadas, sucias...
Falta cada vez menos, ahora faltan unos pasos pero no dejan de ser pasos de gigante, hasta que uno de los dos planta bandera y grita mudamente "llegué" y tantea con los ojos, espía desde adentro a la ciudad, busca en los cuerpos, en los colores dispersos que se aplacan y apelan a la memoria, a ver bajo qué abrigo podríamos estar y por dónde nos asomaríamos.
De repente (y para uno de nosotros) como por arte de magia, como si fuera el resultado de una explosión que termina en humo y continua con una figura humana aparece el otro, y todo es tan repentino, tan veloz como para caer en subjetividades y teorías de intinerarios y geografías, de trayectos... ya nada de eso importa, ahora somos par.
Mientras comienza la marcha, mientras empezamos a caminar nace del suelo una mano invisible que nos levanta, nos acuna dentro suyo, entre las falanges y las líneas de la palma, y no la vemos pero existe, y esa mano se llama abstracción, y esa abstracción se traduce en el otro, en el calor ajeno, en la saciedad de la espera por momentos interminable y gigantesca, casi agónica y compacta hasta que se disgrega y es una miga de pan en un vaso de agua, muere de a poco, se despedaza mientras cae hasta que toca fondo, y el fondo del vaso es tenerte en frente mío, y saber que me espera la extracción de las preguntas, la caricia que seda al corazón, tu cuerpo horizontal y volcado sobre mi cuello, la paráfrasis de un relato... en resumen; vos. El fondo del vaso es algo como eso.