miércoles, 10 de agosto de 2011

El fondo del vaso.

¿Cómo se verían las cosas si se interpone un vidrio que media entre el afuera y nuestros ojos?. El fondo de un vaso, por ejemplo. ¿Cómo te vería si te tuviera cerca, con la boca de un vaso apuntándote de frente, el vidrio superpuesto a mis ojos y vos detrás, distorsionada desde la cara hasta el cuello?



Me extrae del centro del pecho las preguntas sólo por el mero proceder de aspirar bien fuerte, de analizar el momento y encontrarlo oportuno, indicado.
Imparte paciencia, sístole y diástole empiezan a arrastrar las piernas con una pesada constancia, las revoluciones clavan los talones en la arena. Todo, adentro de mi cuerpo.
Y ahí está otra vez, fuera de todo aquel revuelo interno, sola y remachada contra mi torso, la tangibilización de aquello que se encontraba preso dentro de mí. De nuevo la figura horizontal y volcada furiosamente sobre mi cuello, por momentos claramente visible y por otros bellamente ciclópea mientras un poco más abajo, la boca parafrasea a quien nos permitió ilustrarnos como en el pequeño capitulo de un libro. Y eso es lo que somos a fin de cuentas. O lo que inventamos ser.
Esperamos con paciencia a cuentagotas el quiebre del día externo, buscamos vías, caminos que nos lleven a un enlazamiento más profundo que la devoción, hasta que llega la hora y cerramos puertas, cerramos ventanas violentamente, caminamos rápido casi sin dejar huella, caminamos un poco más rápido, mientras las tareas pendientes juegan libres e incompletas, abandonadas y olvidadas, sucias...
Falta cada vez menos, ahora faltan unos pasos pero no dejan de ser pasos de gigante, hasta que uno de los dos planta bandera y grita mudamente "llegué" y tantea con los ojos, espía desde adentro a la ciudad, busca en los cuerpos, en los colores dispersos que se aplacan y apelan a la memoria, a ver bajo qué abrigo podríamos estar y por dónde nos asomaríamos.
De repente (y para uno de nosotros) como por arte de magia, como si fuera el resultado de una explosión que termina en humo y continua con una figura humana aparece el otro, y todo es tan repentino, tan veloz como para caer en subjetividades y teorías de intinerarios y geografías, de trayectos... ya nada de eso importa, ahora somos par.
Mientras comienza la marcha, mientras empezamos a caminar nace del suelo una mano invisible que nos levanta, nos acuna dentro suyo, entre las falanges y las líneas de la palma, y no la vemos pero existe, y esa mano se llama abstracción, y esa abstracción se traduce en el otro, en el calor ajeno, en la saciedad de la espera por momentos interminable y gigantesca, casi agónica y compacta hasta que se disgrega y es una miga de pan en un vaso de agua, muere de a poco, se despedaza mientras cae hasta que toca fondo, y el fondo del vaso es tenerte en frente mío, y saber que me espera la extracción de las preguntas, la caricia que seda al corazón, tu cuerpo horizontal y volcado sobre mi cuello, la paráfrasis de un relato... en resumen; vos. El fondo del vaso es algo como eso.

2 comentarios:

  1. es necesario repetir infinitas veces esto:
    adoro como escribis...

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  2. Cada día escribis mejor! Te amooo!

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